sábado, 17 de octubre de 2009

Un año después de la luna de miel




Decidí iniciar esta entrada con una foto que me gusta bastante. Me encanta como Marcela (mi esposa, por si alguien no sabía) y yo nos vemos perfectamente bien enfocados mientras que todo el paisaje está desenfocado y las luces muestran el movimiento de la cámara. Esta foto la tomamos mientras anochecía en Central Park hace poco más de un año.

Nuestra luna de miel se dividió en dos, la primera parte fue en NY y la segunda, un crucero por Canadá.

Tomamos el avión unas cuantas horas después de que terminó la fiesta, tengo una foto de nuestras caras en el aeropuerto pero prefiero no ponerla porque me interesa que sigan leyendo y no quiero que se queden con un mal sabor de boca, el chiste es que estábamos muy cansados. Dormimos durante el avión y llegamos al aeropuerto JFK en Queens por la tarde, de ahí tomamos el metro hasta Manhattan y nos instalamos en el hotel.


Como soy un obsesivo compulsivo (tal vez exagero un poco), estuve leyendo acerca de los lugares a los que iríamos durante mucho tiempo antes, me informé de lo que existía en las ciudades, lo que valía la pena ver y lo que no, por donde nos interesaba caminar (porque al parecer yo decidía también lo que le interesaría a Marcela), etc. Eso me dio ventajas y desventajas, las ventajas es que pudimos conocer la mayor parte de los lugares que queríamos mientras estuvimos allá, la desventaja es que entre más me informaba, más cosas quería conocer. Esto de ser obsesivo tiene sus ratos desagradables, es como un pastel, es rico mientras lo comes pero es desagradable cuando piensas que acabas de ingerir las calorías suficientes para servir como animal de carga durante varios días.

Para todo el tiempo que caminamos en la luna de miel, tuve que ingerir muchas calorías, el problema es que una vez que nos subimos al crucero y la comida era gratis (entiéndase gratis como "pagué el costo desde antes de abordar") seguí comiendo igual sólo que mi caminata en vez de ser cuadras y cuadras como en Nueva York, se limitaba a ser del cuarto al comedor. Las repercusiones de este tipo de alimentación son fuertes y duran varios años, aunque algunos expertos dicen que el matrimonio es lo que te hace engordar. Es un debate muy antiguo y ante estas situaciones, más vale no tomar partido.

El crucero estuvo muy agradable, estábamos rodeados de viejitos, no sabíamos si ir rápido para que no nos atropellara el de la silla de ruedas motorizada, o caminar más despacio para no incomodar al del bastón. Pero para una persona como yo, treinta años recién cumplidos (ya saben, la crisis de los treintas y todo eso), el olor a viejo en el ambiente me hacía sentir bastante joven y me convencí de que cuando llegue a esa edad, utilizaré una silla de ruedas motorizada. Recuerdo que en un momento, una pareja de no más de 25 años nos gritó "YOUNG PEOPLE!" para llamar nuestra atención e invitarnos al antro del crucero para poder convivir con personas de menos de 80.

Nuestra luna de miel duró dos semanas, las cuales las recuerdo con mucho cariño y no puedo evitar sonrerir cuando pienso en esos días.

He escuchado a muchas personas decir que prefieren ahorrarse la luna de miel o la boda y juntar ese dinero para el enganche de un departamento o un carro, y ya que la situación mejore hacer ese viaje que dejaron pospuesto. La verdad, un viaje como la luna de miel no lo van a poder tener nunca más, a menos que se divorciaran y se casaran con alguien más y decidieran hacer el viaje en ese momento, sino regresamos a lo mismo y se vuelve cuento de nunca acabar. Creo firmemente que lo que hace especial a la luna de miel, dejando de lado el cliché, es que es el momento en que te sientes libre, ya pasó toda la planeación de la boda, no hay estrés (a menos que sea un matrimonio arreglado) y tienes unos días para olvidarte del mundo. Y olvidarte del mundo es literal, tanto que nos enteramos que habíamos pagado todo en NY mientras el dólar estaba casi en 20 pesos hasta que regresamos a México y, para entonces, ya estaba de nuevo en $13, por lo que igual conviene checar el periódico o tu mail de vez en cuando.


Tal vez una luna de miel son tres días en una playa de México, o tal vez son dos meses en China (con eso de que está de moda viajar a países cada vez más lejanos). Lo importante es la persona con la que lo compartes y el significado personal que le das a ese viaje. En mi caso, no pudo existir mejor acompañante ni mejor destino. Nueva York siempre será para nosotros, el lugar de nuestra luna de miel.

2 comentarios:

Victor dijo...

Si por supuesto.. Yo y Gaby estamos muy pero muuuy estresados con la boda, y como dices, supongo que el viaje se disfruta muchisimo más ya que todo ese estréss pasa a segundo término.
Saludos cizaña... jajaja

Victor dijo...

Si por supuesto.. Yo y Gaby estamos muy pero muuuy estresados con la boda, y como dices, supongo que el viaje se disfruta muchisimo más ya que todo ese estréss pasa a segundo término.
Saludos cizaña... jajaja

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